top of page

Lo que una pompa me enseñó...

Hay instantes que no se repiten. Apenas duran unos segundos y, sin embargo, son capaces de quedarse a vivir dentro de nosotros o atrapados en una fotografía...


Una pompa de jabón es exactamente eso: la belleza de lo efímero.


Nace de algo tan simple como aire, agua, jabón, un soplido o... dos palos y un cordel.

La creas tú. Y se dispara tu sensación de asombro. La observas elevarse, llenarse de arco iris, bailar con el viento, atrapar tu mirada, un trocito de tiempo y… 


plup!, desaparece. Explota. Se desvanece. Ya no está.



Y quizá ahí está una de las lecciones más hermosas que podemos aprender desde niños.


De pequeños, perseguíamos esa perfección frágil con absoluta fascinación. Corríamos detrás de ellas, queríamos tocarlas, prolongarlas.

Había algo profundamente humano en esa necesidad de sostener lo que sabíamos que iba a desaparecer.


Pero ¿qué nos está pasando?

¿Por qué dejamos de hacer pompas de jabón a los seis o siete años?

¿Cuándo dejamos de mirar lo efímero para empezar a vivirlo todo con prisa, sin presencia, sin observación?


Quizá educar también debería consistir en eso: en enseñar a mirar, a descubrir que no todo tiene que durar para ser valioso.

Que hay belleza en lo que sucede solo una vez. Que crear, consiste precisamente en aceptar que lo debes intentar varias veces y cuando lo logras dejar que se aleje flotando hasta desaparecer.


Una pompa de jabón enseña más de lo que parece.


Te habla de fragilidad.

De presencia.

De atención.

De libertad.

De creación.


Existe en la cultura japonesa un concepto profundamente hermoso llamado mono no aware.

Podríamos traducirlo, de forma imperfecta, como “la emoción de las cosas” o “la sensibilidad hacia lo efímero”. Los japoneses lo encuentran en la flor del cerezo que cae justo en su momento más bello.


Es esa mezcla de belleza y melancolía que sentimos cuando somos plenamente conscientes de que algo está pasando… y también de que está a punto de desaparecer.


Una aceptación delicada de que todo cambia, todo pasa, todo termina.


Quizás recuperar y tener presente este concepto, nos ayude a salir de la monotonía y crear pompas cada día.

Quizás crear la rutina de pensar cada noche ¿Cuántas pompas he creado hoy...?

Esos segundos de abrazo con un amigo, el cerrar los ojos ante un bocado de tiramisú en la boca, esa sonrisa cómplice de 25 años, ese bailecito al tener una buena noticia...


Pensar y buscar esos instantes, donde un recuerdo flota y cómo la pompa hace plup! y se desaparece, y con la nostalgia en la garganta, agradecemos la foto 2435 (y todas las de ese día) que me he encontrado y la enorme suerte de haberlo vivido...


Acordarnos con toda la presencia posible y agradecer el instante del recuerdo mientras sucede.

Quizá por eso fotografiamos.

No para detener el tiempo —porque eso es imposible— sino para rendirle homenaje.

Para decir:

te vi.

sé que fue breve.

y fue precioso.


Quizá deberíamos aprender de eso.

Aceptar que muchas de las cosas más hermosas de la vida no están hechas para durar, sino para ser vividas con total presencia.


Y recordé una finde con amigos.

Unos palos y el cordel del pijama.

Una siesta tranquila.

Y con la peque creando, una pompa de jabón.


La foto es un regalo para nosotras y para quien la hizo y atrapó el instante...


Quizá fotografiar no sea otra cosa que eso.


Un acto de amor hacia lo efímero.


Una forma de decirle al tiempo:


Te vi.

Estuve aquí.

Esto ocurrió.

Y fue precioso.


(Dedicado a los/las fotógrafo/as de mi vida, me incluyo)


 
 
 

Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.

¿Crees que podemos colaborar juntos?
Escríbenos, estaremos encantados de conocerte

Muchas gracias por tu interés, pronto contactaremos contigo.

horazul espacio en Barcelona

Carrer Enric Granados 137, 3era 2da

08008 BARCELONA

  • LinkedIn horazul
  • Instagram horazul

© 2024 Creado por Horazul Comunicación

bottom of page