¿Enfrentarse a nuestros amigos???...
- Mercedes Castelló

- 7 abr
- 4 Min. de lectura
Trabajar con jóvenes es como tener una máquina del tiempo…
De repente te ves recordando tu propia adolescencia: lo que necesitabas, lo que no sabías explicar, ese adulto que te acompañó bien… y ese otro que, bueno, hizo lo que pudo (aunque tú hubieras necesitado otra cosa).
Si algo queda claro, generación tras generación, es que hay una constante preciosa: la necesidad de la Amistad con mayúsculas. De esas que hacen de red, de refugio, de “aquí puedo ser yo sin subtítulos”.
Y justo ahí… en ese lugar tan bonito… es donde a veces aparece algo incómodo.
Hoy, con tanta exposición, pesa especialmente en los jóvenes. No es una ideología concreta ni una moda. Es algo más sutil: la tensión aveces de sostener dos cosas que no encajan del todo…
A eso, en psicología, se le llama disonancia cognitiva. Y aunque el nombre suene muy técnico, la experiencia es profundamente humana.
Cuando lo que ves y lo que sientes no encaja.
Imagina la escena: un grupo de amigos, risas, móviles, complicidad. Todo parece ligero, cotidiano.
Y de pronto, alguien decide grabar —a escondidas— a la dependienta porque no habla uno de los idiomas, entiende y responde en otro.
El vídeo no es inocente: tiene intención, un juicio claro… y probablemente destino en TikTok o Instagram.
Quien lo graba es un amigo.
Tú no participas. No te hace mucha gracia. Pero tampoco dices nada.
Porque algo dentro de ti empieza a moverse:
esto no está bien… pero son mis amigos
esto es injusto… pero tampoco quiero problemas
esto incomoda… pero igual estoy exagerando… ¿no?
Y ahí, sin hacer ruido… aparece la disonancia.
El silencio: ese parche tan tentador
El psicólogo Leon Festinger explicaba que cuando sentimos ese tipo de incomodidad, nuestro cerebro se pone práctico: quiere reducirla cuanto antes.
¿Y qué hace?
A veces cambiamos lo que pensamos
A veces justificamos lo que vemos
Y muchas veces… elegimos el silencio
El silencio es casi elegante: no rompes el grupo, no generas conflicto, todo sigue “bien”.
Pero tiene truco.
Lo que no dices no desaparece. Se queda contigo… y se va acumulando, como esos mensajes que no contestas pero tampoco borras.
Y poco a poco, desgasta.
“Hay que tener un gran valor para enfrentarse a nuestros enemigos, pero se necesita aún más valor para enfrentarse a nuestros amigos.”
Albus Dumbledore en Harry Potter y la piedra filosofal
La juventud es amigos, primeras libertades, canciones que parecen hablar de ti, identidad en construcción…y también pertenencia.
El grupo no es solo compañía: es refugio, validación, un “aquí encajo”.
Por eso cuestionarlo no es cualquier cosa. Tiene su riesgo.
Y al mismo tiempo, vivimos en una época donde los valores —la justicia, el respeto, la inclusión— están muy presentes. Se nombran, se comparten, se defienden.
Pero cuando esos valores chocan con lo que hace tu propio entorno… aparece una grieta.
Y no es ideológica. Es emocional.
No es el conflicto lo que duele… es evitarlo siempre
Durante mucho tiempo se ha aprendido que evitar el conflicto es madurez: no meterse, no incomodar, dejar pasar.
Y a veces, sí. A veces eso cuida.
Pero cuando evitar implica callarte a ti… el precio cambia.
No decir nada puede parecer paz… pero también puede ser una forma muy silenciosa de desconexión con uno mismo.
Entonces… ¿qué hacemos con esto?
No hay soluciones perfectas, pero sí preguntas que ayudan:
¿Qué tipo de persona quiero ser cuando nadie está mirando?
¿Qué amistades pueden sostener una conversación incómoda sin romperse?
¿Dónde está mi límite, aunque me cueste?
No se trata de confrontar todo ni todo el tiempo. Pero tampoco de desaparecer dentro del grupo.
A veces la salida no es gritar ni imponer. A veces es algo mucho más pequeño —y mucho más valiente—:
decir, con calma: “esto no me gusta”.
Crecer también es esto
Quizá lo que están viviendo muchos jóvenes no es fragilidad, sino justo lo contrario: están en ese proceso —incómodo, contradictorio, profundamente humano— de construir coherencia propia en un mundo muy polarizado y que a veces tironéa en direcciones opuestas.
Y sí, habrá momentos en los que mirarán hacia otro lado. Nos pasa a todos.
Pero hay algo que conviene no olvidar:
Cada vez que te callas para no incomodar, alguien aprende que puede seguir haciéndolo.
Y no es solo el otro. También tú.
Aprendes a tragarte lo que piensas, a negociar tus límites, a convertir lo que antes te incomodaba en un “bueno… tampoco es para tanto”.
Hasta que un día te escuchas defendiendo algo que, no hace tanto, te habría hecho ruido.
Cuando esto ocurra, es un buen momento para practicar Ser tu mejor y más honesto amigo...
Dedicado especialmente a una niña que conozco muy Fan de Harry Potter...
Leon Festinger fue un psicólogo social estadounidense (1919–1989), considerado una de las figuras más influyentes del siglo XX en el estudio del comportamiento humano.
Es conocido sobre todo por haber desarrollado la teoría de la disonancia cognitiva, que explica ese malestar interno que sentimos cuando lo que pensamos, sentimos y hacemos no encaja… y cómo tendemos a justificar o cambiar nuestras creencias para reducir esa incomodidad.
También formuló la teoría de la comparación social, que describe cómo las personas evaluamos nuestras opiniones y capacidades comparándonos con los demás.




Comentarios