top of page

Elige tu propia aventura...

En mi infancia leía un montón, y  algo que disfrutaba muchísimo era una colección que se llamaba "Elige tu propia aventura".


Recuerdo cuando llegaba el momento de la página en donde tenías que decidir. Chan! ¿Ir a la pag 7, o a la 24?.


Había como unos nervios en el estomago. ¿Y se me equivocaba?. ¿Y si no era la mejor decisión?.


Hoy en mi vida siento estar muchas veces, en la misma encrucijada, aunque la experiencia no es tan agradable... ¿Poner límites, o hacer lo que se espera?. ¿Quedarme callada para no generar, un vez más “discrepancias familiares”?...


Reescribir el guión de la infancia, una posibilidad.


Planteo una pregunta sencilla.

¿Y si mi vida actual está guiada por decisiones que tomó una versión de mí, de 5 años?


Chan! de nuevo. Acaba de dejar de ser sencilla...


No una versión simbólica. Una versión vivida como real: sensible, intuitiva, necesitada de amor y reconocimiento… y con recursos creativos, fantasiosos y sinceramente infantiles para entender mi mundo actual.


Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne llamó a esto "Guión de vida": un conjunto de decisiones inconscientes que tomamos en la infancia sobre quiénes somos, qué podemos esperar de los demás y cómo debemos vivir.

Y lo más interesante —y a veces lo más desconcertante para quienes nos observan hoy como adultos— es que ese guión no desaparece cuando crecemos, es más se activa muchísimo especialmente, en nuestros sistemas familiares.


Cómo se forma un guión y por qué tiene tanto sentido.


Un niño pequeño no analiza: interpreta.

Con 3, 5 o 7 años, vamos tomando decisiones internas como:

-“Tengo que esforzarme mucho para que me quieran”

-“Mejor no molestar”

-“No es seguro confiar”

-“Tengo que hacerlo perfecto”

-“Si hago esto, soy parte”, etc.


Estas decisiones no son errores. Son adaptaciones inteligentes y creativas al entorno.


Aquí aparece otro concepto clave de Berne: los estados del yo:


Niño: donde viven esas decisiones emocionales tempranas.

Padre: normas, exigencias, mensajes aprendidos.

Adulto: la parte que observa, evalúa y decide en el presente. (Vamos a prestarle más atención).


El problema no es haber creado un guión. El problema es seguir viviéndolo sin revisarlo


El guión de los momentos de sufrimiento: ese “remake” que no pedimos.


A veces una se da cuenta de algo curioso:

no solo nos pasan cosas… también las reeditamos.

Cambian los nombres, los escenarios, los peinados… pero el argumento… sospechosamente parecido.

-Nueva relación, mismo desenlace.

-Nueva situación, misma emoción.

-Nueva oportunidad… misma reacción automática.


Como si lleváramos dentro un director un poco obsesivo con su obra:


“Esta escena ya funcionó… te hizo llorar, desaparecer, sentir culpa, intensidad a tope. genial… vamos a repetirla. Otra vez. Y otra.”


¿Por qué insistimos en la misma historia?


No es casualidad (aunque a veces lo parezca):

-Porque es familiar (y el cerebro ama lo familiar, aunque sea incómodo).

-Porque nos da una especie de “esto soy yo”.

-Porque, en el fondo, tiene sentido con lo que aprendimos.


La trampa elegante de lo conocido

Aquí viene lo interesante:

No siempre elegimos lo que nos hace bien. Muchas veces elegimos lo que ya sabemos interpretar. O nos captura desde la impotencia infantil.

Porque lo desconocido da vértigo. Pero lo conocido… aunque suframos… da una falsa sensación de es la única manera.


Y mientras tanto…

Seguimos protagonizando una historia que, si la miramos con un poco de distancia, podría titularse:

“Yo haciendo lo mismo… esperando otro final.”


El acompañamiento terapéutico: es recuperar la autoría


Aquí es donde el proceso terapéutico cobra sentido.

Acompañar no es decirle a alguien cómo vivir. No es corregir su historia.

Es algo más sutil —y más profundo—:

Es ayudarle a darse cuenta de que está viviendo un guión… y que puede empezar a observarlo.

En ese espacio aparece el Adulto:

-El que se da cuenta.

-El que cuestiona.

-El que puede elegir diferente.


Y desde ahí, algo cambia. A veces de golpe. “Un darse cuenta” y la decisión de entrar en acción. y a veces, sobretodo cuando hay grandes fidelidades, debe hacerse con mucho cariño, paciencia y humildad.

Lo bueno es que cuando nos animamos a cambiar el guión nos convertimos en creativos escritores…


De un guión cerrado a un “elige tu propia aventura”

En el acompañamiento terapéutico aparece, con bastante frecuencia, una sensación compartida:

la vida se vive como si ya estuviera escrita.

Como un guión que avanza casi solo, donde las escenas se repiten y los desenlaces parecen previsibles. No porque la persona no tenga recursos, sino porque está actuando desde decisiones aprendidas y muy antiguas, que siguen activas.

En ese punto, el trabajo no consiste en “cambiar la historia” de forma forzada, sino en algo más interesante:


Ampliar la posición desde la que se vive esa historia.


Poco a poco, las personas comenzamos a descubrir que podemos:

-Repetir… o introducir una pausa.

-Reaccionar… u observar lo que está ocurriendo.

-Seguir el guión… o escribir una pequeña variación.

-Escuchar al cuerpo reactivo… y decidir no huir o atacar…


A veces, el giro de la historia ocurre en algo muy simple:

En crear el espacio temporal y espacial para observar sin juzgar.

 Y en ese espacio… aparece la posibilidad de elegir.

El guión creado en tantos años no desaparece. Pero deja de ser una verdad… y comienza a ser un material de trabajo.


El adulto que reescribe: es creativo, observador… y agregaría, por favor, con sentido del humor.


Para esta parte es muy recomendable el papel y el lápiz.

Darnos la oportunidad de escribir. Y que nuestro cerebro vaya despacio, eligiendo las palabras, respirando las sensaciones que provoca…


Formar a nuestro guionista interno y dotarlo de:

-Creatividad

Para ser capaz de imaginar respuestas nuevas donde antes solo había automatismo.

-De mucha auto Observación

Capaz de darse cuenta: “esto ya lo hice antes… esto ya lo sentí antes…”


y de algo que para mí sirve, pasadas las primeras reacciones…

-Mucho humor

Porque hay un momento en el que te ves repitiendo la escena de siempre… y en lugar de castigarte, sonríes un poco y con cariño.

No desde la burla. Desde la comprensión.


El humor no niega la historia. Te da espacio para no quedarte atrapada en ella.


Porque Reescribir no es borrar

no significa negar la infancia, ni rechazar lo vivido.

Significa algo más honesto:

Permitir que quien fui no tenga que decidir por quien soy hoy.


Porque es un libro, se escribe cada día

A veces se repiten capítulos. A veces cambia el tono. A veces me sorprendo.

Pero hay algo que ya no olvido:

puedo participar en lo que escribo.


Quizá no se trata de frustrarse intentando romper el guión. Quizá se trata de leerlo con cariño, entender de dónde viene… y empezar, poco a poco, a escribir desde un lugar más consciente.


Y, si es posible, un humilde consejo: para sostener está loca Vida de aprendizaje… un pizca de humor.






 
 
 

Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.

¿Crees que podemos colaborar juntos?
Escríbenos, estaremos encantados de conocerte

Muchas gracias por tu interés, pronto contactaremos contigo.

horazul espacio en Barcelona

Carrer Enric Granados 137, 3era 2da

08008 BARCELONA

  • LinkedIn horazul
  • Instagram horazul

© 2024 Creado por Horazul Comunicación

bottom of page